Me encontraba caminando hacia mi casa, el sonido de los tacones hacía
eco a lo largo de toda la calle. No habían más ruidos que mi caminar. Miré
hacia el cielo y lo vi completamente gris. Éste prometía lluvia. El viento
empezó a ser más fuerte y helado. Metí mis manos a los bolsillos de mi chaqueta
negra y la aseguré con un broche. Traté de caminar un poco más rápido. No era
un buen momento para estar lejos de casa. En noches de lluvia, prefería
acomodarme junto a la chimenea con una manta mientras leía algo de Liz Gilbert.
Y entonces mi madre traería galletas recién horneadas y un poco de té caliente.
Ahora que lo pensaba... Era la primera vez que el reportero del pronóstico del
tiempo no acertaba, eso era raro.
El sonido de una sirena de un auto de policía se acercaba por la calle
trasera. Me di la vuelta y contemplé como éste se acercaba a mí. El sonido era
irritante. El automóvil se detiene al verme y de éste baja el policía. Él era
un poco bajo y delgado, me miraba con expresión confusa.
-Señorita, qué hace usted por aquí caminando sola?-Me preguntó, aunque
con el tremendo sonido que producía la sirena no llegaba a escucharle nada.
-Qué?- le dije.
-Qué hace usted por aquí?-Volvió a decir.
Le hice un gesto con las manos advirtiéndole que no le oía nada.
-Ah... espere un momento.-Me dijo, mientras volvía al auto y apagaba la
sirena.-Listo. Bueno, le decía que hace usted aquí.
-Yo? Ah bueno, iba caminando hacia mi casa. Hay algún problema?- Le miré
algo temerosa.
-Hay un ladrón suelto por éstas calles… Hoy robó una joyería y un banco,
lo vieron solo y nadie sabe como entró.
Le miré algo asustada pero intenté calmarme por dentro, yo no llevaba
nada de valor encima. No había de qué preocuparse.
-Solo era para advertirle.-Dijo, y sin más, volvió al auto y se fue por
la calle.
Ahora sí que estaba asustada. Apresuré mi caminata evitando pensar en aquel
ladrón. Pero no sirvió de mucho, porque cuando el auto giró hacia otra calle,
un hombre vestido de negro salió de su escondite: El tacho de basura.
Quedé estupefacta al ver la bolsa de rebosante dinero que traía. Era él.
No pude articular palabra, ahora qué haría? Me limité a mirarlo, y éste, me
devolvió la mirada.
Se llevo un dedo a la comisura de sus labios y pronunció: Shhh.
Ante mis ojos ví como atravesaba una pared de un centro comercial, que
se encontraba cerrado, listo para cometer otra maliciosa hazaña.
No hay comentarios:
Publicar un comentario